Juegos del Hambre 2da Parte:-Tiempo de cambio: la política que exige la ciudadanía.

F.A.M.O

Camargo.- 29 de abril del 2026. En política no existen las coincidencias. Existen tiempos, decisiones y realidades que se construyen desde el poder o desde la ciudadanía. Hoy, más que nunca, vivimos una etapa donde el cambio ya no es una posibilidad, sino una necesidad urgente.

Los tiempos políticos están cambiando y con ellos también las reglas del juego. Algunos partidos apuestan por figuras sin raíces ni trayectoria; otros intentan sostener estructuras viejas con cimientos débiles, incapaces de responder a una sociedad cada vez más informada, más crítica y más consciente.

Ya no basta con la palmada en la espalda, con el discurso bonito o con la entrega de despensas, juguetes o promesas recicladas. Esa política asistencialista, disfrazada de cercanía social, ya no convence al ciudadano pensante. La gente entiende que una despensa no resuelve la falta de oportunidades, que un kilo de arroz no sustituye la falta de desarrollo, y que los programas disfrazados de bienestar muchas veces siguen siendo la misma fórmula de control político de siempre.

Vivimos también tiempos difíciles para el federalismo. Hay estados que siguen aferrados a la tutela de la federación, cuando lo verdaderamente sano sería fortalecer la autonomía estatal y municipal. Los municipios deben gobernarse con independencia, con responsabilidad y con visión propia, no bajo imposiciones externas ni compromisos políticos que terminan pagando los ciudadanos.

Porque ese es otro gran problema: los compromisos políticos. Se reparten cargos no por capacidad, sino por favores. Se traen funcionarios de otras ciudades para ocupar espacios que deberían ser para perfiles verdaderamente comprometidos con la comunidad. Se improvisa el gobierno y se administra desde la conveniencia, no desde la necesidad social.

Y aquí hay que decirlo con claridad: el presidente municipal no gobierna solo. La responsabilidad también recae en el Cabildo. Los regidores no están para el aplauso fácil ni para levantar la mano sin cuestionar. Están para vigilar, fiscalizar y exigir transparencia en cada peso del gasto público.

El Código Municipal es claro: cada regidor tiene el derecho y la obligación de revisar secretarías, direcciones y áreas administrativas. Si hay errores, omisiones o corrupción, no se trata solamente de fallas del alcalde, sino también de silencios cómplices desde las regidurías.

Ya es tiempo de dejar atrás la política del aplauso automático. La ciudadanía exige funcionarios que piensen, que cuestionen y que actúen. No servidores públicos que deleguen su criterio ni representantes que prefieran la comodidad antes que la responsabilidad.

Hoy vivimos una época donde incluso la inteligencia artificial parece pensar más que muchos actores políticos. Y eso no debería ser motivo de orgullo, sino de profunda reflexión.

Como ciudadanos también tenemos una deuda: muchas veces no levantamos la voz. Y como funcionarios, muchos no cumplen con el trabajo que prometieron hacer.

Los tiempos que vienen son de cambio. Y no deberían sorprendernos. Como dice el viejo refrán: “cuando veas la barba de tu vecino cortar, pon la tuya a remojar”.

La política actual está entrando en una etapa de revisión obligatoria. Es momento de detenerse y preguntarse: ¿se cumplieron los objetivos?, ¿se atendieron las verdaderas necesidades?, ¿se gobernó para la gente o para los grupos?

La ciudadanía exige respeto. Exige resultados. Exige congruencia.

Desde la gubernatura hasta el último municipio, el mensaje es claro: ya no se puede gobernar desde la soberbia ni desde la simulación. El pueblo observa, cuestiona y cada vez perdona menos.

Estamos frente a tiempos de cambio. Lo importante no es si llegarán, sino quién estará preparado para enfrentarlos.

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