La pequeña Azulita enfrenta una enfermedad crónica; su madre-abuela relata la dura batalla que libra desde hace 13 años

Camargo, Chih.-29 de mayo del 2026.  Desde que tenía apenas cinco meses de nacida, Azulita comenzó a presentar convulsiones que con el paso de los años se fueron agravando hasta convertirse en una enfermedad crónica que ha marcado la vida de toda su familia.

Hoy, con 13 años recién cumplidos el pasado 20 de marzo, la menor continúa enfrentando complicaciones de salud que la han llevado en repetidas ocasiones al hospital, mientras su madre, María, permanece a su lado sin apartarse un solo momento.

Recientemente, Azulita permaneció internada durante varios días debido a una fuerte crisis de salud. Durante ese tiempo, los médicos realizaron diversos tratamientos y le suministraron múltiples medicamentos para intentar controlar las convulsiones; sin embargo, los episodios continuaban presentándose incluso bajo sedación.

De acuerdo con el testimonio de su madre, los especialistas en neurología le explicaron que la enfermedad de la menor ya no tiene cura y que se trata de una condición crónica con la que tendrá que vivir el resto de su vida.

“Me dijeron que su enfermedad ya es crónica, que ya no tiene cura”, relató María con visible tristeza, aunque también con la fortaleza que le ha permitido acompañar a su hija durante más de una década de lucha.

La madre recordó además uno de los momentos más difíciles que ha enfrentado. Según narró, durante una estancia hospitalaria en el Hospital Regional llegó a recibir la recomendación de llevarse a su hija a casa bajo condiciones que ella consideró imposibles de aceptar.

“Me decían que firmara para llevármela sin sondas, sin medicamentos y sin alimentación. Yo les respondí que no podía hacerlo porque se me iba a morir”, recordó.

Cuando la esperanza parecía agotarse, un médico pediatra intervino y gestionó alternativas para que la menor pudiera recibir atención especializada en la ciudad de Chihuahua, decisión que permitió continuar con su tratamiento y darle una nueva oportunidad.

A pesar del diagnóstico, María asegura que mantiene la fe intacta y que prefiere no adelantarse a los acontecimientos, confiando en que el futuro de su hija está en manos de Dios.

La historia de Azulita y su madre es un ejemplo de amor, resistencia y esperanza frente a una enfermedad que ha puesto a prueba a toda la familia durante más de trece años, pero que no ha logrado vencer su voluntad de seguir luchando día tras día.

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