La llegada del petrolero ruso Anatoly Kolodkin a Cuba, prevista para este lunes, se perfila como un nuevo episodio de tensión geopolítica en el Caribe, al desafiar el cerco energético impuesto por Estados Unidos sobre la isla. El buque, sancionado por Washington y sus aliados, transporta aproximadamente 730 mil barriles de crudo, en lo que podría convertirse en el primer suministro significativo de petróleo para Cuba en varios meses.

De acuerdo con datos de rastreo marítimo, la embarcación zarpó el pasado 8 de marzo desde el puerto ruso de Primorsk y actualmente navega en el Atlántico con destino a la terminal de Matanzas, en el occidente cubano.
Este movimiento ocurre en un contexto crítico para Cuba, que enfrenta una severa crisis energética. Desde enero, la isla no ha recibido suministros constantes de petróleo, lo que ha derivado en apagones, reducción del transporte público y un fuerte impacto en la actividad económica.
Un desafío directo a Washington
El envío del crudo ruso representa un reto directo a la política de presión impulsada por Estados Unidos, que ha buscado limitar el acceso de Cuba a combustibles mediante sanciones y amenazas a países que comercien con la isla.
Expertos señalan que la posibilidad de que Estados Unidos intercepte el buque es cada vez menor conforme se aproxima a aguas cubanas. Una vez dentro de la jurisdicción marítima de la isla, cualquier intento de bloqueo sería mucho más complejo desde el punto de vista legal y operativo.
